A los Medios les hace falta madre y al Internet controlar a sus trolls

 Twitter: @florencia3g

El Proyecto de Monitoreo Global de Medios (GMMP por sus siglas en inglés) investiga, monitorea y evalúa para conocer cómo cambia la representación del género en los medios. Sus análisis son presentados cada cinco años y en 2015 reportó el estancamiento de los medios hacia una paridad de género.

 

“Las mujeres constituyeron únicamente 24% de las personas sobre las cuales se leyó, vio o escuchó en la prensa escrita y los noticieros de la televisión o la radio” (GMMP, Desigualdad de género en las noticias).

 

Aunado a esto, se muestra que la participación de las mujeres en las notas sobre política tuvo una cobertura mundial de sólo 16% en noticias informativas. La cobertura más amplia que merecieron se ocupaban de roles a partir de su experiencia personal como madres, amas de casa, residentes, pobladoras o estudiantes.

 

Los medios cumplen la función de presentar a las audiencias información veraz, oportuna y diversa. Pero ¿qué sucede cuándo 76% de las voces son otorgadas a la opinión masculina?

 

Se muestra una falta de paridad entre géneros masculino-femenino publicados en la prensa, que influye en la concepción sobre el rol que tiene la mujer y el hombre, debido a que se supra representa la opinión a concepciones limitadas de lo que representa ser mujer.

 

En la historia encontramos pistas que describen por qué en los medios se busca a referentes masculinos. Los avances que se difundieron fueron explicados, creados y desarrollados en su mayoría con la visión masculina, desde la ciencia, las artes, el urbanismo, la electrónica y las comunicaciones.

 

Por ejemplo, Boyle, considerado el primer químico moderno, expulsó a las mujeres de los laboratorios en el siglo XVII y no fue hasta 1945 cuando se aceptó el regreso de las féminas a los laboratorios, esto según la feminista Donna Haraway. Lo que muestra cómo los espacios han sido construidos desde una mirada androcéntrica.

 

En la investigación hecha por el GMMP se observó que la selección de las fuentes hechas por reporteras constituye 29% de mujeres, mientras que los reporteros seleccionan 26% de mujeres. “La selección de la fuente no sólo se centra en los hombres, sino que, hasta cierto punto, está sesgada hacia cierta masculinidad”.

 

Helen Lewis, editor adjunto en el New Statesman, revista política semanal británica, en entrevista con GEN mencionó: Sabemos que al poner un artículo de mujer terminaremos recibiendo comentarios más hostiles y referentes al género del autor. Debido a que hay supuestos que la gente hace cuando ven un referente femenino, toman su artículo menos en serio, recogen más agujeros en él y son más escépticos.

 

Todos los periodistas deberían de tener el derecho de ejercer libremente su profesión más allá del género, según la Red Global de Editores (GEN por sus siglas en inglés). Pero los datos apuntan hacia otras realidades, en 2013International Womens Media Foundation publicó un informe llamado“La violencia y acoso contra las mujeres en los medios de prensa” en donde describe los tipos de violencia que viven en el trabajo las mujeres periodistas y cómo estos altercados repercuten en su vida laboral y privada.

  

Se documentaron casos de acoso psicológico, sexual y digital para identificar a los perpetradores. Fueron identificado como extraños entre la multitud o en el espacio público, políticos o soldados, que representaron 36.8%. La policía 20.5% y entrevistados 18%. También se presenta que 77.2% respondieron que los perpetradores de la violencia física fueron hombres.

  

La periodista Sidsel Wold, conocida por su cobertura de los acontecimientos en el Medio Oriente incluyendo el conflicto entre Israel y Palestina, cree que los ataques son debido a que se considera que las mujeres son un blanco fácil, un “soft target”.

  

En una entrevista para Global Editors Network mencionó que los ataques que recibe a través de la web se dan por cubrir el conflicto y “la gente se molesta”, pero remarca que sus colegas hombres no reciben el mismo nivel de abuso. “Datos deDemos.co.uk muestran que las mujeres periodistas reciben tres veces más agresiones que sus colegas hombres a través de Twitter.”

  

A estos agresores del Internet se les bautizó como Trolls, sus argumentos se caracterizan por ser efímeros y sin fundamentos teóricos o prácticos razonables, son agresivos y por lo general, en vez de discutir del tema en cuestión lo que hacen es  buscar el pretexto para ridiculizar a la reportera, o mujer en cuestión, se abandona el tema y se personifica la agresión, con ofensas e insultos sobre su persona, pero sin mencionar los avances que se presentan del tema.

  

En 2015 la UNESCO reportó el abuso online hacia mujeres periodistas como uno de los retos principales para construir seguridad digital. Los medios y el Internet, resultan en un juego para víctimas con confort variable, es decir dependiendo del tema, de la posición o rol que juegues, la violencia ejercida hacia la mujer dependerá de la posición en la que se encuentra.

  

Aunque son estos la causa, también resultan la cura de los ataques. Iniciativas como Troll Busters que apoyan a las mujeres escritoras en casos de ataques en internet, vislumbran la esperanza de generar redes de apoyo, no con un sentido de ofensa, sino con base en el humor, pues lo que hacen es crear y publicar en la conversación, memes positivos con testimonios que datan del punto de ataque.

  

Los déficits mostrados a lo largo del ensayo,  representan oportunidades para justificar mayor inclusión de opiniones de mujeres y el apoyo en Internet debe ser sostenido pues “es vital exigir a la Red como fascinante aparato social su máxima potencia revolucionaria y emancipadora, en tanto debe incluir a todos, en tanto puede incluir a todos” (Zafra, 2010)

  

Podríamos pensar estos espacios como territorios para reivindicar a sectores políticamente inconformes, como las mujeres, a causa de la cosificación del cuerpo y la desvalorización de su opinión, en otras palabras: dejar de perpetuar el machismo.

  

Los medios tienen la oportunidad de reconsiderar sus prácticas, y recordar que tan es importante la alma mater, como la alma pater, ya que como considera Miguel Lorrente, especialista en el tema de género: La actitud neutral en el tema de violencia de género, también se considera machista.

 

 

 

 

*Estudiante de periodismo y comunicación pública en el quinto semestre por la universidad ITESO. Ha colaborado con el periódico Milenio en la sección de Cultura, participó por un tiempo en RMX como locutora. Becaria del centro de investigación de Formación Social del ITESO, participante en el consejo Estatal de Movilidad No Motorizada y en el Colectivo de Movilidad ITESO.

 

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Bibliografía:

 

  

IWMF (2014) Violence and harrasment against women in the news media. A global picture. Consultado el 20 de febrero en 2016, en https://www.iwmf.org/wp-content/uploads/2014/03/Violence-and-Harassment-against-Women-in-the-News-Media.pdf

 

GMMP. (2015) Desigualdad de género en las noticias 1995-2015. Consultado el 20 de febrero 2016 en: http://cdn.agilitycms.com/who-makes-the-news/Imported/reports_2015/highlights/highlights_es.pdf

 

Zafra, R. (2011). Un cuarto propio conectado. Feminismo y creación desde la esfera público-privada online. Asparkía. Investigació feminista. http://www.e-revistes.uji.es/index.php/asparkia/article/view/602/513

 

Ruiz, P. (2014) Miguel Lorrente: “La actitud neutral de la mayoría de los hombres es machista”. Consulta el 20 de febrero en http://www.linkterna.com/wp-content/themes/linkterna/noticia.php?p=65

 

Florencia González Guerra.

Todos los periodistas deberían de tener el derecho de ejercer libremente su profesión más allá del género, según la Red Global de Editores (GEN por sus siglas en inglés). Pero los datos apuntan hacia otras realidades, en 2013International Womens Media Foundation publicó un informe llamado“La violencia y acoso contra las mujeres en los medios de prensa” en donde describe los tipos de violencia que viven en el trabajo las mujeres periodistas y cómo estos altercados repercuten en su vida laboral y privada.

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