El secuestro de Alan Pulido y el Problema de Seguridad en Tamaulipas

Alan Pulido (izq.) y el Gobernador Egidio Torres Cantú (der.) momentos después de la declaración del jugador.

 

La noche del sábado 28 de mayo se reportó el secuestro de Alan Pulido,  futbolista mexicano del Olympiakos, en la Carretera Interejidal, cerca de Ciudad Victoria, Tamaulipas.  Pasaron alrededor de 24 horas para que fuera rescatado. En una declaración del Procurador de Tamaulipas, Ismael Quintanilla Acosta, estableció que en conjunto la Policía Estatal, Federal, el Ejército y la Procuraduría General de la República; encabezaban un operativo para la búsqueda y rescate del deportista.

 

Asimismo, el propio jugador informó que para escapar tuvo que golpear a una de las personas que lo habían secuestrado, tomar el arma y teléfono que él traía y desde ahí llamar a las autoridades para decirle su ubicación. Este mismo día, el actual gobernador de Tamaulipas, Egidio Torres Cantú, felicitó a las fuerzas estatales y federales por el exitoso operativo.

 

La noticia causó que un gran porcentaje de las personas, a través de las redes sociales, cuestionaran la veracidad de los hechos. Sin embargo, aquí  no me voy a poner a cuestionar si el secuestro fue verídico o no; no me voy a poner a cuestionar el por qué sólo se lo llevaron a él y no a su novia quien también lo acompañaba; no me voy a poner a cuestionar ningún aspecto de la forma en la que Alan Pulido pudo escapar, como lo han hecho el periodista Jenaro Villamil o la presidenta de la asociación Alto al Secuestro, Miranda de Wallace. No me voy a poner a cuestionar dichas cosas, porque sería seguir alimentando con uno de los principales daños culturales que le ha hecho el narcotráfico a este país: normalizar o justificar las desapariciones que lleva a cabo el crimen organizado. Por tanto, daré por hecho que todo lo declarado tanto por el Procurador, el Gobernador y el propio jugador.

 

Lo que podemos destacar de este lamentable suceso, es la abundancia de la información y la gran cobertura que dieron medios nacionales e internacionales al hecho. Podemos destacar la solidaridad de clubes deportivos, jugadores y gente en general con el secuestro del delantero y con la preocupación de su familia. También, lo rápido que actuaron las fuerzas estatales y federales para atender la denuncia.

 

En una declaración del Procurador para el periódico La Jornada, estableció que: «desde ese momento (cuando se denunció el secuestro) todo el mundo se empezó a activar para buscarlo, sobre todo cuando supimos quién era, pues porque supimos que iba a hacer ruido y nos iba a estar afectando mucho en todos los medios».

 

Eso es lo que sí puede ser cuestionable. La necesidad que tuviese que ser una figura pública, como Alan Pulido, pasa posicionar internacionalmente la violencia que azota Tamaulipas.

 

Claramente no es ninguno de los 72 migrantes asesinados en San Fernando Tamaulipas; claramente no es Daniel Garrido Acosta ni Karla Cruz, secuestrados en la carretera rumbo a Poza Rica, Veracruz el 20 de abril del 2011 y de quienes hasta ahora sólo se conoce el número de expediente de quienes se realizó la denuncia. Claramente no es Maricruz Hernández Guerrero o Alma Guadalupe Guerrero, desaparecidas el 14 de diciembre del 2011, en Ciudad Madero, Tamaulipas; ni Miguel Ángel Solís Guerrero, desaparecido en la carretera Victoria-Tampico el 22 de junio del 2013.

 

Claramente no es ninguno de los 930 casos de denuncias de secuestro que se han documentado de enero de 2014 a la fecha. Claramente no es ninguno de los 5 mil 293 casos de personas desaparecidas que ha reportado el Registro Nacional de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED), de 2007 a 2014. Recordemos que Tamaulipas es el estado que más registro tiene de personas desaparecidas, sumando casi una cuarta parte de las desapariciones registradas por el RNPED del 2007 al 2014.

 

Claramente no es ninguno de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa; ni de los más de 27 mil desaparecidos. Ni siquiera ninguno de los 65 mil 209 muertos que reporta la investigación del Semanario Zeta, durante los 3 años de gobierno de Enrique Peña Nieto.

 

Isabel Miranda de Wallace, comentó que lo que le pasó al futbolista Alan Pulido es una muestra de lo que viven los tamaulipecos y los mexicanos todos los días. Sin embargo, da la casualidad de que ninguno de ellos es Alan Pulido y que, por tanto, no todos tienen oportunidad de tener su «operativo exitoso».

 

Y es que el problema impera ahí. Cuando las desapariciones, los secuestros o los asesinatos permean en la vida cotidiana de las personas. Cuando son tantas las atrocidades que suceden, que cuando estamos ante un «exitoso operativo» (como diría el Gobernador), inmediatamente dudamos de su veracidad. Cuestionamos los métodos, las formas, las declaraciones de las autoridades y, por tanto, la capacidad del Estado por brindar seguridad.

 

El próximo domingo 5 de junio, Tamaulipas celebrará elecciones para gobernador. Al respecto ambos candidatos punteros, Baltazar Hinojoza de la coalición PRI-PVEM-PANAL y Francisco Cabeza de Vaca, del PAN; condenaron el secuestro del futbolista, exigiendo su pronta aparición.

 

Tamaulipas cuenta con los antecedentes de que dos exgobernadores (Tomás Yarrington y Eugenio Hernández Flores) tienen antecedentes de casos de corrupción y vínculos con el crimen organizado. Asimismo, en las pasadas elecciones a gobernador, el candidato de la coalición Todos Tamaulipas integrada por el PRI-PVEM-PANAL, fue asesinado por el crimen organizado a pocos días de la elección. Por lo cual tuvo que ser sustituido de emergencia por su hermano, el actual gobernador de Tamaulipas, Egidio Torres Cantú.

 

Es intangible poder decir si el secuestro de Alan Pulido, con las elecciones a la vuelta de la esquina, pueda determinar algo en el comportamiento electoral.

 

Sin embargo, lo que es un hecho es que el tema de la seguridad, con los antecedentes en el estado,  es uno de los principales ejes de campaña de ambos candidatos y, por tanto, será el mayor reto que afronten sea cual sea el resultado electoral.

 

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*Oscar Varela Romo es estudiante de la Licenciatura en Estudios Políticos y Gobierno, de la Universidad de Guadalajara.

Contacto: oscar.varela.romo@gmail.com

 

Oscar Varela Romo*

 

 

Y es que el problema impera ahí. Cuando las desapariciones, los secuestros o los asesinatos permean en la vida cotidiana de las personas. Cuando son tantas las atrocidades que suceden, que cuando estamos ante un <<exitoso operativo>> (como diría el Gobernador), inmediatamente dudamos de su veracidad. Cuestionamos los métodos, las formas, las declaraciones de las autoridades y, por tanto, la capacidad del Estado por brindar seguridad.

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