Daños Colaterales de la Violencia de Género en México

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Daños Colaterales de la Violencia de Género en México
Óscar Cruz Ortiz* / Razones
27 de Abril de 2016

 

En abril 18 de este año, el sitio Britbar publicó una nota sobre un marino mexicano conocido como «El Marino Loko» que ha vuelto un «deporte de cacería» el arrestar a presuntos líderes de cárteles. Saltándose algunas reglas de los procedimientos, después fuerza a los presuntos criminales a utilizar lencería de mujer y a besarse entre ellos para el entretenimiento suyo y de su equipo. En los últimos años, ha sido estudiado cómo durante el entrenamiento de fuerzas militares se denigra a la otredad por medio del uso de mensajes misóginos, racistas y homofóbicos transmitidos para privilegiar una construcción social de una malentendida masculinidad.

 

Dejando de lado las violaciones a los derechos humanos, lo poco ortodoxos o no exactamente legales métodos utilizados por un servidor público, viene a la superficie una problemática social apremiante que los hombres –entendidos como grupo homogéneo- habíamos estado rechazando aceptar: la violencia de género y sus efectos colaterales.

 

La violencia de género es entendida como cualquier acto violento, agresión o inequidad en contra de niñas y mujeres por el simple hecho de ser mujeres; esto en una sociedad donde los hombres históricamente han ejercido poder sobre las mujeres en cualquier tipo de relación que estos mantengan. Sin embargo, la concepción anterior ha causado tener una imagen de hombres como siempre perpetuadores y nunca como víctimas, lo cual ha negado o desdibujando a niños y hombres víctimas de por ejemplo, violencia sexual.

 

Lo anterior no significa que exista violencia de género contra hombres, significa que se ha llegado a un punto en el que los hombres sufren también por la violencia que ejercen a partir de lo que consideran significaría ser hombre. Hombre entendido no como categoría biológica sino más bien, como una construcción social de las características que un hombre debe tener a partir de esta categoría biológica.

 

Es así como un gran número de estudios han tratado de demostrar que aunque las niñas y mujeres son quienes sufren a mayor grado los efectos directos de la violencia de género, los hombres también sufrimos los efectos colaterales, por llamarlos de alguna forma. Con esto, no se trata de minimizar o restar importancia la alarmante problemática social hacia las mujeres victimizadas, sino de señalar y de darse cuenta de que las construcciones sociales sobre el género están creando problemáticas en casi cualquier esfera que se pueda imaginar.

 

Uno de los efectos más crueles y directos en que se puede manifestar, es la violencia sexual, una forma de dominar el cuerpo de la víctima, de conquistarla a partir de su sexualidad. En marzo pasado, la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas (CEAV) 2016 publicó su primer diagnóstico sobre la atención de la violencia sexual en México. Éste reporte señala «un amplio desconocimiento por parte de los(as) operadores de justicia penal (fiscales y jueces), una alta heterogeneidad entre códigos penales, en algunos casos resultando en violencia institucional, y sentencias anticuadas, inadecuadas y pobremente sustentadas en derechos humanos».

 

Además, se evidencia la abrumadora falta de información sobre la magnitud real de la violencia sexual debido a que en México no es prioridad nacional un enfoque de género en las políticas públicas, resultando en falta de interés, de cooperación intergubernamental y en una burocracia institucional disfuncional.  A pesar de ello se presentan datos recabados entre los años 2010 y 2015 que podrían ser útiles como una primera aproximación:

 

·         Se estiman cerca de 600,000 crímenes sexuales por año.

 

·         Sólo 110,914 de esos crímenes resultan en investigaciones preliminares, y de esos el 81% de víctimas son mujeres.

 

·         En el caso de violación equiparada agravada, son hombres el 56.5% de las víctimas.

 

·         La mitad de los crímenes sexuales ocurren en el hogar de la víctima.

 

·         Aun así, el 80.1% de las víctimas vuelven a su hogar.

 

·         Cerca del 60% de los presuntos agresores son conocidos o familiares de su víctima.

 

·         De los diez Tribunales Superiores de Justicia que enviaron información, en sus expedientes figuran 34,190 personas como víctimas de violencia sexual, 77.4% son mujeres, 13.5% hombres, y el restante 9.1% se desconecte el sexo de la víctima.

 

·         De los 27,247 agresores que se tienen registros, 97.4% son hombres.

 

En México, la atención sexual a las víctimas se centra en medidas punitivas, pero pocas se centran en la atención médica y psicológica a la víctima, para su familia,  pareja y comunidad. No se trata de remuneraciones económicas o sentencias en prisión, siendo estos ambientes violentos donde las construcciones de género son nuevamente socializadas y reforzadas. Tampoco se trata de seguir creando leyes o procedimientos vacíos que en la práctica sean ignorados, vulnerados o imposibles aplicar.

 

Además de datos consistentes y actualizados para entender la magnitud del problema y consecuentemente atenderlo, es necesario adoptar un enfoque de género serio y moderno conforme a la realidad del país y que éste sea una prioridad nacional en todas las políticas públicas así como en leyes, reglamentos e instituciones estatales. Aunque, si bien es apremiante la acción gubernamental, también se necesita de la cooperación de la sociedad civil organizada.

 

Y más allá de ello, es urgente el concientizar sobre cómo los roles de género tienen influencia directa o indirecta en problemáticas económicas, políticas y sociales que aún no han recibido la visibilidad que ameritan. Se debe dejar de socializar a los individuos que las personas están para su satisfacción personal, que se pueden usar o poseer, que la sexualidad es un trofeo a obtener y que existen escalas de valor cuando se trata de humanos.

 

Son necesarios pequeños actos individuales deconstructivos sobre el género, en específico, los hombres debemos comenzar a cuestionarnos qué es lo que nos hace hombres. En pleno año 2016, no es posible que sigamos criando «Marinos Lokos», no es posible que en una sociedad «democrática»se siga perpetuando la idea de que ser hombre es un privilegio y que ser mujer o ser diferente significa un riesgo para su desarrollo integral.

 

 

 

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*Óscar Cruz Ortiz es licenciado en Estudios Políticos y de Gobierno, por la Universidad de Guadalajara. Ha presentado ponencias en distintos foros a nivel nacional.

 

 

 

Contacto: oscarcruzinfo@gmail.com

 

 

 

 

 

 

 

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«En México, la atención sexual a las víctimas se centra en medidas punitivas, pero pocas se centran en la atención médica y psicológica a la víctima, para su familia,  pareja y comunidad. No se trata de remuneraciones económicas o sentencias en prisión, siendo estos ambientes violentos donde las construcciones de género son nuevamente socializadas y reforzadas.»