Carta de una historia sublime

Nunca hubo un silencio tan aturdidor,  tan penetrante, tan escabroso.

 

 Aquella lejanía y esa repentina falta de interés tuyo me aterraron.

 

Estoy plenamente consiente de que mi actitud de hace un par de meses no fue la más adecuada;  aún así, pensé que seguirías ahí, como lo habías prometido; Porque  no importaba lo que hiciera… Lo mucho que repitiera que te odiaba… Tú permanecías conmigo, y me  regalabas una sonrisa, me mirabas con tus ojos empañados de lágrimas, acariciabas mi rostro con tus manos pequeñas, y  terminabas besando dulcemente mis labios. Era nuestra rutina,  y nadie hasta ahora nos había quitado nuestros vicios.

 

Te he llamado durante las ultimas tres semanas, te he llamado desde la noche en que todo se fue al carajo; respondiste la primera llamada, pero quiero aclararte que en realidad no quise gritarte todos esos insultos, tú ya me conoces sabes perfectamente que soy así de explosivo. No sé porque te sorprendió tanto e hiciste lo que nunca antes, te defendiste, contestaste cada agresión para terminar con esa maldita frase que me retumba en lo profundo del pensamiento “Déjame en paz, desaparece de mi vida”…  Pero ha sido al revés, tú te esfumaste, te volviste polvo mezclándote entre la tierra. Has dejado de estar completa, y ahora tan sólo encuentro trozos de ti… Recurro frecuentemente a los sitios que fueron nuestros, donde creo que puedes estar, pero sólo encuentro fragmentados, recuerdos, imágenes tan sublimes que me duran un instante y se  vuelven ruines. Comienzan con una absurda discusión y terminan con una escena común… Tú recargada en mi pecho, cobijada por mis brazos y yo susurrándote al oído, en un esfuerzo por calmar tu llanto, “no volverá a suceder”…

He hecho el recuento de las veces que cada recuerdo termina igual, y la verdad es que me asombra reconocer que fueron tantos, en la medida de lo posible para lograr al fin tu ausencia…

 

Y es que después de la restricción del juez de no poder estar a menos de 200 metros lejos de ti, entendí que esta vez no volverías, aunque yo fuera con cientos de flores y me hincara  rogando tu perdón. En esta ocasión tu respuesta sería no, o aún peor, ya no podría ni siquiera verte, escucharte.

 

Tal vez sea demasiado tarde para decir esto pero quiero que lo sepas:

 

Esa noche en la que creí que estabas coqueteando con ese chico en la fiesta, cuando te tomé del brazo y te saqué a jalones de aquel lugar, realmente lamento haberte llamado prostituta, y aún más haberte abofeteado frente a nuestros amigos…

 

*Valeria Maestro Landeros es estudiante de la licenciatura en Estudios Políticos y de Gobierno, de la Universidad de Guadalajara.

 

Valeria Maestro Landeros*

He hecho el recuento de las veces que cada recuerdo termina igual, y la verdad es que me asombra reconocer que fueron tantos, en la medida de lo posible para lograr al fin tu ausencia…

 

Antonio Verdín
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