Arengar por la libertad de expresión

Arengar por la libertad de expresión
José Alberto Galarza Villaseñor
6 de Diciembre de 2015

Hay letras que se me colaron por los ojos y terminaron forjando mi destino. La expresión de los genios con los que he vivido experiencias sin que jamás nos hubiéramos cruzado en el tiempo o el espacio ha sido una de las más enriquecedoras de mi vida. Soy de los que creen todavía que sentarse a escribir y ejercitar la reflexión y la profundidad es una de las actividades humanas más elevadas, porque nos ayuda a conocer las interminables facetas de nuestro mundo y del propio ser humano, a la vez que deja testimonio del momento individual y colectivo de quien escribe.

A lo largo de mi vida me he encontrado con textos imprescindibles que me han ido guiando en la formación del gusto, en las charlas, en encuentros y cuestionamientos internos que resultan formativos por las lecciones que me dejan, las preguntas que me plantean y los conflictos que en algunos casos me han ayudado a resolver y en otros casos a enredar aún más.

Las vivencias que esos textos me han dado resultan a su vez producto y productor de una libertad de expresión que ha sido una lucha inacabada e inacabable del hombre y que hoy pasa por un momento complejo. Como señala Zygmunt Bauman las sociedades se han fusionado a un estado líquido, donde los valores se relativizan y reina la falta de certezas; paradójicamente esto sucede en un momento histórico donde las herramientas de conectividad hacen posibles proezas de comunicación inimaginables hace apenas 30 o 40 años.

Ese avance desenfrenado de las tecnologías, particularmente en la comunicación, han provocado cambios en la manera de consumir información. Hoy resulta bastante sencillo escribir cualquier idea, texto, hacer alguna imagen o contenido multimedia y compartirlo de manera instantánea para todo aquel que cuente con ciertas herramientas cada vez más popularizadas. Esta facilidad, la ausencia de filtros y sobre todo la sobreoferta de contenido sobre prácticamente cualquier cosa, han creado consumidores que buscan contenidos rápidos de asimilar y de una duración efímera.

La gravedad del asunto quizá radica en que la facilidad de consumir rápido hace que temas centrales pasen a convertirse en consignas de moda y desechables, mientras que existen asuntos que requieren profundas reflexiones y acciones colectivas concretas. Basta ver el caso de México con la masacre y desaparición de 43 estudiantes en Iguala en 2014. El tema acaparó la atención internacional de manera inmediata y propuso una agenda de comunicación y protesta social; sin embargo, la poca profundidad que alcanzamos como sociedad de consumo hizo que después de un lapso el tema se enfriara y aunado a las innumerables nuevas desgracias que enfrentamos como país, el tema se convirtiera en una especie de marca publicitaria y ahora poco se discute y hace al respecto. Como efecto colateral habría que tener en consideración el impacto que ha tenido la desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa para el resto de ciudadanos que se encuentran en la misma situación y cómo el gobierno mexicano se ha acomodado en una placentera discusión sobre 43 desaparecidos para no discutir las decenas de miles de secuestrados, asesinados, desplazados y la lista sigue y sigue.

Al mismo tiempo es verdad que los avances seguirán orientados a una mayor conectividad e inmediatez y que ahí habría que plantear una manera de preservar lo más valioso que puede aportarle el ser humano al mundo en el que vive, como lo describe Ernesto Sabato en La Resistencia  para encontrar en el espíritu del hombre y en lo que pueda comunicar en el ejercicio de su libertad de expresión y a través de medios como el arte, la reflexión y el humanismo.

Con todo esto es necesario reconocer que frente al crecimiento exponencial del hombre, su consumo, la tecnología y los cambios abruptos que a veces parecen navegar más rápido que el propio ser humano, que difícilmente se puede adaptar al mundo antes de que algo sustantivo de él cambie de manera dramática, existen remansos provocados por grandes hombres y mujeres que todavía rescatan lo mejor de todos. Es cierto que no todos son visibles, pero bastará ver como personas como Juan Villoro o Fernando Del Paso dedican su tiempo a indagar al ser, sus relaciones, sus miedos y los expresan magistralmente en palabras, en novelas, cuentos, poesías o análisis en los medios de comunicación.

Sin embargo, es importante no solamente contemplar y admirar a personas como ellos o como Herta Müller, Patrick Modiano, Enrique Vila-Matas y una lista larga de contemporáneos que siguen resistiendo, sino crear espacios para que los jóvenes consuman por un lado productos de mayor calidad por su contenido y realización, mientras que por otra parte se sientan capaces de desarrollar sus propias ideas y talentos en plataformas compartidas con personajes identificados como exitosos en sus respectivas áreas.

Con esa idea es que nace arenga una publicación digital e impresa hecha por estudiantes que tiene por objeto crear un producto de alta calidad en sus contenidos, en su realización gráfica, impresa y digital y que brinde una experiencia de altos estándares. Eso romperá el paradigma de que los medios estudiantiles no pueden ser ambiciosos.

El segundo eje fundamental es que buscará ofrecer temas de interés para la nueva sociedad, pero llevándola más a fondo. Queremos promover que se consuma y elaboren contenidos que nos permitan mejorar nuestro papel como ciudadanos y seres humanos.

El tercero y quizá el sello distintivo es la posibilidad de participar en ella. Si bien arenga se da a conocer con un número especial de colaboradores invitados, a partir de ahora involucrará a quienes deseen  compartir espacio con personas como Raúl Vera, Javier Sicilia, Elena Poniatowska, Rubén Albarrán, Gonzalo Oliveros, Álvaro Delgado, Javier Corral, Wilbert Torre, Javier Valdez, Pablo Arredondo, Jorge Ceja y todos los que vengan en el futuro, lo cual sin duda representa una oportunidad única.

Así, como a mí algunas letras se me colaron por los ojos y me terminaron definiendo, me honra ser director de un proyecto que estoy seguro que a más de alguno lo formará por el contenido que aquí encuentre o aquí deposite. Sin duda arenga con el apoyo de todos los que nos ayuden a realizarla, constituirá nuestra resistencia, nuestro espacio para el pensamiento crítico, un punto de encuentro entre el individuo y algunas fotografías del mundo en el que vivimos, un oasis para los contenidos de calidad, nuestra herramienta para ejercer y seguir trabajando por algo que es esencial en una sociedad que se construye y deconstruye con una velocidad insostenible: la libertad de expresión.

 

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««arenga con el apoyo de todos los que nos ayuden a realizarla, constituirá nuestra resistencia, nuestro espacio para el pensamiento crítico, un punto de encuentro entre el individuo y algunas fotografías del mundo en el que vivimos, un oasis para los contenidos de calidad.»»
José Alberto Galarza Villaseñor